Monday, September 07, 2015

La Noche Que Pudo Ser

Me desperté y me di cuenta que eran las 7:47 p.m. Como me gustaría poder aprovechar mis sábados para hacer cosas productivas, lamentablemente es el único día donde puedo comer, fumar, y dormir tranquilo. Quede en encontrarme con Ojo Loco a las ocho en la esquina de mi casa, entonces me puse un jean y una casaca y salí corriendo, conociéndolo no me dejaría en paz el resto de la noche si es que llegase tarde.

Ahí estaba parado en la esquina, Diego, el gran Ojo Loco. Todos le decíamos así por su cara de loco y su personalidad abierta e hiperactiva. Acordamos comer algo juntos por algún lugar cerca a nuestras casas antes de ir a encontrarnos con el resto de nuestro grupo. No tuvimos que caminar mucho ya que hay una infinidad de pequeños negocios cerca. Debemos haber pasado frente a cuatro sangucherías, tres cafeterías, dos pizzerías y una repostería antes de llegar a nuestro chifa favorito.

La comida no es muy buena, pero va de la mano con la justicia de sus precios; supongo que de alguna manera reconocen la mediocridad del “alimento” que te dan, pero en fin, es buen preparativo para una noche de borrachera. Nos sentamos y se nos acercó el mesero para darnos la carta. El Sr. Lee debe tener alrededor de 400 o 500 años, se mueve despacio y no escucha bien, pero al acercarse lo suficiente nos reconoció y ni tuvo que preguntarnos lo que queríamos. “DOS NUMELOS 13 CON WANTAN FLITO Y DOS INKA KOLAS!” dijo hacia la cocina con un sorpresivo grito.

Terminamos nuestra comida y nos despedimos del Sr. Lee, Ojo Loco, obviamente, con uno de sus clásicos chistes:

-“¿Sabe por qué le dicen que tiene un peinado chino Sr. Lee?”

-“¿Sela polque soy chino?”, dijo el Sr. Lee.

-“¡Porque por aquí CHI y por acá NO! JAJAJAJA!”

Para entonces yo ya estaba afuera del chifa fumando un cigarro. No necesitaba escuchar los chistes de Ojo Loco por la millonésima vez, y honestamente creo que el Sr. Lee tampoco.

Le pedí a Ojo Loco que me acompañara a comprar cigarros al grifo por mi casa antes de tomar nuestro micro hacia Miraflores. Ya era cliente frecuente de ese grifo, por alguna razón ya iban más de dos meses teniendo una promoción de dos latas de Monster por S/. 12. Entré por la puerta y me saludo Gladys, “¿No es un poco tarde para tomar energizantes joven?”, me reí y le dijo que solo pasaba por cigarros. “¡Lo veré de vuelta en la mañana entonces!”, dijo Gladys antes de que saliera de la tienda, no dije nada pero me reí y seguí caminando, conociéndome a mí mismo, tenía razón.

Caminamos hasta poder tomar un micro y fuimos directo al bar donde nos encontraríamos con el resto de nuestro grupo. Realmente debo haber tenido una gran noche ya que no recuerdo casi nada de lo que paso. De un momento a otro me despertó un empleado del Sanguchon Campesino diciendo que ya era hora de que me retirara. Abrí bien los ojos y solo di gracias a que era el local cerca a mi casa y no el que está frente al bar en Miraflores.

Pague lo que había consumido y salí en dirección a mi casa. Saque un cigarro de mi cajetilla, todavía me quedaban un par, pero no encontré mi encendedor así que con gran desilusión lo volví a guardar. Revise mi celular y tenía algunas llamadas perdidas de Ojo Loco y de mi hermano, les respondí con un mensaje, pero no creí que lo fueran a leer, posiblemente ya se habían ido a dormir hace mucho, posiblemente hasta más borrachos que yo.

De pronto sentí que algo estaba a punto de pasar. Vi a un tipo caminando directamente hacia mí. De la manera más discreta posible guarde mi celular dentro de mi calzoncillo. No llegue a ver si portaba un arma, pero con la presencia de su cómplice atrás mío no me dio muchas ganas de revisar si lo hacía. Les di el dinero que me quedaba, suerte para mí que ya me había gastado la gran mayoría de lo que tenía en cerveza. Por suerte no se dieron cuenta de mi celular, mi viejo jamás me habría comprado uno nuevo si supiera que me lo robaron por mi propia estupidez.

Camine una cuadra más, estaba de mal humor. Me senté unos minutos cerca al puente peatonal que está cerca a mi casa. De pronto encontré un encendedor donde estaba sentado, ¡y para mi suerte aun funcionaba! Era uno de esos encendedores con linterna incluida. Prendí un cigarro y me lo termine ahí sentado. Prendí el segundo y último y comencé a caminar de nuevo, supongo que solo quería calmar mis nervios un poco.


Llegue a la puerta de mi casa riendo, estaba recordando algunas cosas que habían pasado durante la noche, el chiste de Ojo Loco con el Sr. Lee, Gladys y sus comentarios en el grifo, y algunas de las tonterías que sucedieron por borrachos en el bar. Pero de pronto un pensamiento cruzo mi mente. 

¡Gladys! 

¡¿Cómo iba a comprar mis Monsters mañana?!

No comments:

Post a Comment