Me desperté y me di cuenta
que eran las 7:47 p.m. Como me gustaría poder aprovechar mis sábados para hacer
cosas productivas, lamentablemente es el único día donde puedo comer, fumar, y
dormir tranquilo. Quede en encontrarme con Ojo Loco a las ocho en la esquina de
mi casa, entonces me puse un jean y una casaca y salí corriendo, conociéndolo
no me dejaría en paz el resto de la noche si es que llegase tarde.
Ahí estaba parado en la esquina,
Diego, el gran Ojo Loco. Todos le decíamos así por su cara de loco y su
personalidad abierta e hiperactiva. Acordamos comer algo juntos por algún lugar
cerca a nuestras casas antes de ir a encontrarnos con el resto de nuestro
grupo. No tuvimos que caminar mucho ya que hay una infinidad de pequeños
negocios cerca. Debemos haber pasado frente a cuatro sangucherías, tres
cafeterías, dos pizzerías y una repostería antes de llegar a nuestro chifa
favorito.
La comida no es muy buena,
pero va de la mano con la justicia de sus precios; supongo que de alguna manera
reconocen la mediocridad del “alimento” que te dan, pero en fin, es buen
preparativo para una noche de borrachera. Nos sentamos y se nos acercó el
mesero para darnos la carta. El Sr. Lee debe tener alrededor de 400 o 500 años,
se mueve despacio y no escucha bien, pero al acercarse lo suficiente nos
reconoció y ni tuvo que preguntarnos lo que queríamos. “DOS NUMELOS 13 CON
WANTAN FLITO Y DOS INKA KOLAS!” dijo hacia la cocina con un sorpresivo grito.
Terminamos nuestra comida y
nos despedimos del Sr. Lee, Ojo Loco, obviamente, con uno de sus clásicos
chistes:
-“¿Sabe por qué le dicen que
tiene un peinado chino Sr. Lee?”
-“¿Sela polque soy chino?”,
dijo el Sr. Lee.
-“¡Porque por aquí CHI y por
acá NO! JAJAJAJA!”
Para entonces yo ya estaba
afuera del chifa fumando un cigarro. No necesitaba escuchar los chistes de Ojo
Loco por la millonésima vez, y honestamente creo que el Sr. Lee tampoco.
Le pedí a Ojo Loco que me
acompañara a comprar cigarros al grifo por mi casa antes de tomar nuestro micro
hacia Miraflores. Ya era cliente frecuente de ese grifo, por alguna razón ya
iban más de dos meses teniendo una promoción de dos latas de Monster por S/.
12. Entré por la puerta y me saludo Gladys, “¿No es un poco tarde para tomar
energizantes joven?”, me reí y le dijo que solo pasaba por cigarros. “¡Lo veré
de vuelta en la mañana entonces!”, dijo Gladys antes de que saliera de la
tienda, no dije nada pero me reí y seguí caminando, conociéndome a mí mismo,
tenía razón.
Caminamos hasta poder tomar
un micro y fuimos directo al bar donde nos encontraríamos con el resto de
nuestro grupo. Realmente debo haber tenido una gran noche ya que no recuerdo
casi nada de lo que paso. De un momento a otro me despertó un empleado del
Sanguchon Campesino diciendo que ya era hora de que me retirara. Abrí bien los
ojos y solo di gracias a que era el local cerca a mi casa y no el que está
frente al bar en Miraflores.
Pague lo que había consumido
y salí en dirección a mi casa. Saque un cigarro de mi cajetilla, todavía me
quedaban un par, pero no encontré mi encendedor así que con gran desilusión lo
volví a guardar. Revise mi celular y tenía algunas llamadas perdidas de Ojo
Loco y de mi hermano, les respondí con un mensaje, pero no creí que lo fueran a
leer, posiblemente ya se habían ido a dormir hace mucho, posiblemente hasta más
borrachos que yo.
De pronto sentí que algo
estaba a punto de pasar. Vi a un tipo caminando directamente hacia mí. De la
manera más discreta posible guarde mi celular dentro de mi calzoncillo. No
llegue a ver si portaba un arma, pero con la presencia de su cómplice atrás mío
no me dio muchas ganas de revisar si lo hacía. Les di el dinero que me quedaba,
suerte para mí que ya me había gastado la gran mayoría de lo que tenía en
cerveza. Por suerte no se dieron cuenta de mi celular, mi viejo jamás me habría
comprado uno nuevo si supiera que me lo robaron por mi propia estupidez.
Camine una cuadra más,
estaba de mal humor. Me senté unos minutos cerca al puente peatonal que está
cerca a mi casa. De pronto encontré un encendedor donde estaba sentado, ¡y para
mi suerte aun funcionaba! Era uno de esos encendedores con linterna incluida.
Prendí un cigarro y me lo termine ahí sentado. Prendí el segundo y último y
comencé a caminar de nuevo, supongo que solo quería calmar mis nervios un poco.
Llegue a la puerta de mi
casa riendo, estaba recordando algunas cosas que habían pasado durante la
noche, el chiste de Ojo Loco con el Sr. Lee, Gladys y sus comentarios en el
grifo, y algunas de las tonterías que sucedieron por borrachos en el bar. Pero de
pronto un pensamiento cruzo mi mente.
¡Gladys!
¡¿Cómo iba a comprar mis
Monsters mañana?!
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